»Está aquí de nuevo. Vuelve a ser el hombre que conocía«.
La vida de Walter F. y su mujer experimentó un profundo cambio en los últimos años. El diagnóstico de demencia de Alzheimer llegó de manera totalmente inesperada y les afectó mucho a los dos. Walter F., que siempre había sido una persona activa y sociable, empezó a retraerse. Se volvió silencioso, comenzó a perder su capacidad cognitiva a gran velocidad y las actividades de la vida diaria se convirtieron en un reto para él.
Empezó a aislarse cada vez más y sus aficiones dejaron de producirle satisfacción. Su mujer, que apenas ya le reconocía, comenzó a buscar una solución desesperada. Les dieron el diagnóstico en una visita al médico, pero no quisieron aceptar el tratamiento que les proponían porque los efectos secundarios les parecieron intolerables.
La búsqueda de una alternativa
La esposa de Walter F. siguió buscando incansable otras posibilidades de tratamiento hasta que dio con la estimulación transcraneal por impulsos (TPS). Después de mucho investigar, la pareja encontró a un médico que ofrecía esta terapia. Y decidieron intentarlo.
Avances en la vida diaria y en los resultados de las pruebas
Después de las primeras sesiones comenzó a percibirse una mejora. Walter F., que apenas hablaba, empezó a interactuar más y a participar de manera activa en las conversaciones y en la vida diaria. Incluso retomó entusiasmado el trabajo en el jardín, un hobby que había sido su pasión. Ahora se levanta todas las mañanas temprano, hace el desayuno, sale a pasear con el perro y pasa tiempo cuidando el jardín. También ha vuelto a hacer los pasatiempos que antes le gustaban, como solucionar crucigramas y leer. Esta actividad diaria le ha devuelto tanto la estabilidad física como psíquica.
Las pruebas neurocognitivas que hace regularmente documentan su progresión. Antes de comenzar con el tratamiento con TPS, Walter F. tardaba, de media, 115 segundos en realizar el test de interferencia de Stroop (INT, por sus siglas en inglés), con el que se comprueban de manera particular la función ejecutiva y la memoria de trabajo. Teniendo en cuenta el avance de la demencia de Alzheimer, era de esperar que con el tiempo se produjera un empeoramiento, es decir, que cada vez necesitase más tiempo para hacer la prueba. Pero, en lugar de eso, Walter F. no solo consiguió estabilizar su rendimiento sino que, además, lo mejoró: en las últimas mediciones, casi un año después, necesitó tan solo 95 segundos. Walter F. también mostró muchos menos déficits en la batería CERAD-Plus en comparación con el año anterior. Para su mujer es como si hubiera recuperado a su marido. La vida diaria, que hasta entonces había estado marcada por el miedo y la impotencia, volvía a merecer la pena.

La vida con una nueva perspectiva
Aunque la enfermedad no haya desaparecido, el señor F. y su mujer han aprendido a vivir con ella. Disfrutan de una calidad de vida recuperada y se sienten agradecidos de poder seguir disfrutando de la vida juntos.

