La historia de C. L. es la de un luchador que tampoco se dejó vencer al enfrentarse a la demencia de Alzheimer. Como antiguo campeón de Europa de lucha libre, estaba acostumbrado a enfrentarse a desafíos, pero el diagnóstico de demencia de Alzheimer le puso ante la lucha más difícil de su vida.
Los primeros indicios
Hace unos años, C. L., otrora fuerte y ágil, notó que cada vez le resultaba más difícil acordarse de las palabras y seguir las conversaciones. Lo que comenzó como pequeños contratiempos se fue convirtiendo en un verdadero problema. Sus recuerdos se borraban, aparecieron las depresiones y los estados de angustia y, por último, el diagnóstico: demencia de Alzheimer.

Un rayo de esperanza
En el año 2021, cuando la enfermedad avanzaba, C .L. conoció por casualidad la estimulación transcraneal por impulsos (TPS). »La curiosidad y la esperanza me llevaron a pedir una cita en la consulta de uno de los médicos que ofrecían esta terapia«, explica C. L.
La terapia y su efecto
Una semana antes de comenzar con la terapia se documentó el estado de C. L. Limitaciones cognitivas, síntomas de depresión, pesadillas y estados de angustia dominaban su vida diaria. Pero ya desde la primera sesión notó una mejoría. »Volvía a acordarme de las palabras y me recorrió un sentimiento de liberación y claridad«. Esta tendencia positiva continuó, después de la tercera sesión era capaz de mantener una conversación casi fluida al teléfono y los resultados de las pruebas mostraban una clara mejoría de sus capacidades cognitivas. C. L. se siente tan bien acogido por el equipo de la clínica en Kempen, que no le importa hacer de manera regular el largo viaje hasta Berlín para continuar la terapia con sesiones de mantenimiento.
Una nueva vida
Al finalizar la terapia, C. L. explica cómo el tratamiento con TPS le ha cambiado la vida.
»Ahora encuentro mejor las palabras, por lo que me resulta más fácil participar en las conversaciones. Me olvido de muchas menos cosas cuando voy de compras. Eso hace mi vida diaria mucho más sencilla. Y vuelvo a disfrutar de ver la televisión, ya que puedo comprender mejor el contenido de los programas«.
Y aunque todavía no ha decidido si volverá a subir o no al cuadrilátero, hay una cosa clara: gracias a la terapia con TPS, C. L. ha conseguido recuperar parte de su calidad de vida y, con ella, de sí mismo.


